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LÁPIZ DE PAPEL

Actualidad política y cultural

7 Mayo 2007

"Si me necesitas, llámame" de Raymond Carver (Reseña)

Once años después de su muerte, Tess Gallagher, viuda del periodista y escritor del realismo sucio Raymond Carver, se ocupa de publicar cinco relatos nuevos e inéditos de su marido, dando forma a una recopilación de desperdicios que debería venderse con una pegatina que rezase “Sólo para fans”, y es que la prosa lenta, aburrida y monótona de Carver no es para cualquiera.
El primero de estos relatos, ‘Leña’, nos muestra un hombre abandonado por su mujer, que decide cortar un camión de leña para evadirse de la realidad, mientras se esfuerza en escribirle una carta que nunca llega a terminar. El relato comienza con un lenguaje preciso y fluido que te atrapa desde el primer momento, para empezar a repelerte unas líneas más abajo, y dejarte vacío e insatisfecho al final.
‘¿Qué queréis ver?’ nos habla también de una pareja a punto de separarse, que decide pasar su última noche cenando con sus vecinos. Su lenguaje es demasiado preciso para hacer bella la insulsa trama que nos presenta.
‘Sueños’ presenta una pareja que ha perdido la pasión, y ve morir al hijo de una vecina en un incendio. Contrario a lo que cabría esperar, Carver no se apasiona con el relato de la madre desesperada por la muerte de su hijo, sino que se aleja de ella y espera agazapado a que regrese la cotidianeidad, donde su estilo lento y preciso, monótono y depresivo, se encuentra más en su salsa.
‘Vándalos’ vuelve con el tema del incendio. Dos parejas tienen una larga conversación –como siempre cotidiana, insustancial- durante largo rato hasta que se dan cuenta de que una de las casas del barrio se ha incendiado. Bajan y se ponen a mirar.
‘Si me necesitas, llámame’ es el relato que da nombre a esta tediosa recopilación, pero tampoco sube demasiado la calidad global de este libro. Regresa al tema de la pareja con problemas, en la que ambos deciden pasar una temporada lejos de casa; una temporada que se convierte en un solo día.
Como epílogo, tenemos a Tess Gallagher explicándonos cómo encontró estos relatos y por qué los publico –básicamente, porque no tenía otra cosa que hacer. Lo curioso es que se hace más agradable leerla a ella que a Raymond Carver.
El estilo de Raymond Carver en este libro es preciso y exacto, pero lento y aburrido, monótono. Se centra siempre en acciones cotidianas, y prescinde del clímax la mayoría de las veces o, de incluir algo extraordinario, lo pasa por alto como si fuese algo irrelevante.
En resumen, un pésimo y monótono libro que, carente de creatividad, sumerge al lector en unas historias en las que nunca pasa nada. No es un libro para cualquiera, ni siquiera para amantes de la literatura. Sólo recomendable a admiradores y fanáticos.

servido por The_Exorcist - Francisco J. 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

escritor

escritor dijo

Buenas. Calificaría tu crítica con adjetivos que me voy a reservar para mí pero para resumir he de decir que el modo en que has escrito y describes el relato en tu reseña, sólo puede significar dos cosas: Uno, que no has leído el libro o sólo lo has hecho parcialmente, o dos que no has tenido la suficiente capacidad intelectual para comprender y transmitir el trasfondo de esta obra maestra del genio, Raymond Carver. Sin más, un saludo.

23 Mayo 2007 | 06:51 PM

The_Exorcist - Francisco J. Moreno

The_Exorcist - Francisco J. Moreno dijo

No sólo he leido este libro, sino que además he leído "Tres rosas amarillas", he ojeado "Catedral", y me he documentado sobre la vida y obra del autor. Sé que se le considera un autor de culto, padre del realismo sucio, y uno de los mejores escritores de nuestra década. Pero esto no cambia mi opinión sobre el libro.

Primero, el estilo de Carver no me resulta agradable desde un principio. Demasiado sobrio y austero, prescindiendo de todo adjetivo innecesario y de toda frase compleja. No crea oraciones extravagantes y profundas, lo reduce todo a la mínima expresión, y deja a un lado todo el dramatismo y pesar que podrían haber despertado sus relatos para centrarse en los hechos.

Este minimalismo le lleva a fijar una longitud fija en la mayoría de sus oraciones, privando al lector de ese ritmo musical que se consigue alternando frases largas y cortas. Apenas supera el límite de 10 palabras por oración, aunque a veces forma frases compuestas por varias oraciones simples de menos de 10 palabras cada una.

Este hecho podría no haber sido tan desastroso si los temas elegidos fuesen tan tremendamente banales. Hechos tan cotidianos sólo pueden hacerse atractivos si se recrea uno en ellos, si analiza la emoción que los rodea. Carver huye de esa emoción, dejando todos los sentimientos implícitos, ocultos. Tanto, que desaparecen.

Carver no se moja en lo que escribe, mantiene la distancia, y el trasfondo que contienen acaba entrando de refilón; difuminado, apagado, lo bastante enterrado como para que sólo nos lo descubra un enfoque racional. Este enfoque racional impide que los sentimientos entren fácilmente en el lector, y que sólo los conozca.

Como ya habrás visto, el libro no me parece muy recomendable para alguien que no se haya habituado anteriormente a este tipo de estilo (e incluso) le haya encontrado el gustillo.

Yo por mi parte, he basado mi valoración personal en estos puntos, pero estoy abierto a que cualquier admirador de Carver deje aquí su opinión.

28 Mayo 2007 | 03:36 PM

Maria

Maria dijo

Ya sabes que yo no soy admiradora de Carver; ni ssiquiera lo he leido. Sin embargo, en este último comentario he leido que su estilo es muy simple, ya que usa oraciones que no llegan a las dos palabras.
Precisamente, el estilo más acertado y recomendable para un escritor es el estilo sencillo, con oraciones que no superen las 10 palabras y sin abusar de la subordinada. Se trata de facilitar al lector la lectura, ya que se escribe para él y no para lucimiento del escritor. Lo importante no es deslumbrar con un aprosa compleja sino llegar al lector y facilitarle la lectura.
Por otra parte, estoy de acuerdo contigo sobre el relato de lo cotidiano sin recrearse en la emocion que lo rodea. Lo cotidiano de por sí no es atrayente. El escritor tiene que ser capaz de convertir lo cotidiano en arte, pues la escritura es eso, arte.

29 Mayo 2007 | 02:43 PM

The_Exorcist - Francisco J. Moreno

The_Exorcist - Francisco J. Moreno dijo

Tampoco es bueno que esos límites se mantengan a rajatabla. Cuando un lector llega a un libro espera un poco de originalidad y espontaneidad, no que le mantengan a través de varias páginas con las mismas palabras y la misma métrica, sin utilizar la belleza de la poesía.

30 Mayo 2007 | 01:14 AM

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